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Extinción y evolución

La extinción no constituye una novedad. Desde que la vida apareció sobre la tierra, hace unos 3.000.000.000 de años, los animales han vivido y muerto. Los dinosaurios reinaron en el mundo millones de años y luego se extinguieron. Nadie conoce realmente el motivo ni la forma en que esto ocurrió. La extinción forma parte del proceso de evolución. Los animales logran adaptarse o no a los cambios que se producen en su ambiente. El precio del fracaso es la extinción.

Sin embargo, en el pasado, esos cambios ambientales se producían en forma relativamente lenta, en miles o millones de años. Las especies que habían conseguido adaptarse a un cambio particular, por ejemplo a una gradual disminución de temperatura, sobrevivieron. Aquellas que no pudieron desarrollar las características necesarias, internas, externas o de comportamiento, se extinguieron.

Interacción entre las especies

En el pasado probablemente una especie no era causa directa de la extinción de otra. Por ejemplo, resulta dudoso que un carnívoro llegue a devorar todos los miembros de una especie de la cual se alimenta. Si esto sucediera, el depredador podría llegar también a extinguirse por falta de alimento. Generalmente se establece un equilibrio entre las poblaciones de depredadores y sus víctimas. Por ejemplo, cuando es alto el número de liebres de patas blancas en Canadá, los linces se alimentan bien, y muchos de sus cachorros sobreviven. Al año siguiente, el mayor el mayor número de linces comerá más liebres, lo cual contribuirá a reducir la población de estos roedores. Cuando existan menos liebres, los linces tendrán menos comida, y muy pocos de sus cachorros sobrevivirán. Sin embargo, el próximo año, a causa de la disminución de los linces, el mayor número de liebres puede aumentar.

Éste es el tipo de equilibrio que mantienen los depredadores y sus víctimas en muchas partes del mundo. Por este motivo se considera que los efectos directamente ejercidos por una especie sobre otra probablemente no fueron la causa principal de su extinción en épocas pasadas.

Sin embargo, la presencia de una especie puede ser causa directa de la extinción de otra. Cuando varias especies con hábitos similares viven en la misma región compiten por los recursos de la zona. Esta competencia puede centrarse en alimentos, lugar para anidar, agua y otras necesidades vitales. Esta competencia a menudo, no es directa, como la carrera tras la presa única. Es indirecta. Por ejemplo, una especie puede estar en condiciones de alimentarse en la copa de los árboles porque es algo más alta o trepa mejor. Entonces, cuando se produce escasez de alimentos, esta especie está en mejores condiciones de sobrevivir que otra que no puede alimentarse a tanta altura o trepar bien.

La especie mejor adaptada puede también reproducirse con mayor éxito que la menos adaptada. Puede tener más hijos y criarlos hasta que lleguen a adultos. Estos animales consumen la mayor parte de los alimentos y privan a la otra especie de lo necesario para mantenerse. De esta manera, la segunda especie puede llegar a extinguirse con el tiempo. La misma pugna se produciría con respecto al agua durante años de sequía o respecto de los lugares protegidos para anidar cuando hubiera cerca numerosos depredadores. Muchas especies se extinguieron en épocas pasadas por esta competencia inderecta, pero el proceso fue muy lento.